El Matapeces

Su aspecto desaliñado y su sobrenombre, ‘el Matapeces’, nos tenía aterrorizados a la mayoría de los niños que, como yo, íbamos de visita recurrente a aquel pequeño pueblo de Sevilla. Era un hombre grueso, de manos robustas y piel aceitunada, pelo castaño con incipientes canas y un gran mostacho de los que se llevaban por entonces, finales de los 70. Un caluroso día de verano, caminando con mis abuelos por una hermosa ribera cercana a su casa, descubrí el motivo de su siniestro mote. El ‘Matapeces’ estaba tirando al río su viejo horno. Aquel serpenteante cauce se había convertido en su particular vertedero.

el matapeces
El ‘Matapeces’ nos tenía aterrorizados a la mayoría de los niños que, como yo, íbamos de visita recurrente a aquel pequeño pueblo de Sevilla.

Lamentablemente, era algo habitual en aquellos tiempos. Hoy día, actos de ese calibre, que atentan contra el Medio Ambiente y pueden poner en riesgo la salud de las personas, no quedan impunes. Las sanciones llegan hasta los 45.000 euros y el autor puede ser procesado por delito ambiental. Muchos recordarán un vídeo, que en 2019 se hizo viral en redes sociales, en el que se veía a un joven arrojando un frigorífico por una ladera. Además de una elevada multa, la broma le costó someterse al escarnio público de tener que sacar el viejo electrodoméstico del barranco para su correcto reciclaje.

Ojalá a ‘el Matapeces’ le hubieran obligado a recoger toda su basura del río. Allí yacían el viejo horno, una motocicleta sin ruedas, una montaña de bolsas y quién sabe qué más, contaminando las aguas y dañando el ecosistema acuático. A pesar de las sanciones aplicables en la actualidad, a los ríos, arroyos, lagos, pantanos y al propio mar, siguen llegando residuos que ocasionan graves perjuicios al medio. “Alguna vez hemos observado la presencia de elementos eléctricos y electrónicos, así como baterías, en las zonas de muestreo que escogemos para nuestras investigaciones”, expone Julián Blasco, el director del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC). “Recuerdo haber visto, hace ya muchos años, electrodomésticos en el saco interior de la bahía de Cádiz, en la zona denominada Barriada de la Paz. En ese momento pensé que hacía falta conciencia ambiental: emplear el mar como vertedero comprometía el futuro de nuestra sociedad. Que este tipo de acciones se sigan produciendo me genera la sensación de que debemos seguir avanzando para conseguir que el reciclaje y la Economía Circular sean una realidad”, añade.

La perspectiva de Julián no ha cambiado con el paso del tiempo y coincide con la de sus colegas, independientemente de la edad: “Todos los investigadores, jóvenes y mayores, nos seguimos sorprendiendo que se puedan utilizar los ecosistemas como vertedero de desechos”. Las afecciones que estas situaciones originan en los ecosistemas acuáticos son muchas y muy graves. Blasco explica que, por ejemplo, los electrodomésticos grandes (lavadoras, frigoríficos, etc..) provocan alteraciones en los cauces de los ríos desde el punto de vista físico, sobre todo en arroyos pequeños, “porque pueden alterar la circulación del agua, fragmentar hábitats y favorecer, en determinados casos, la aparición de zonas de refugio no idóneas para determinadas especies”.

Por otra parte, no podemos olvidarnos de los desequilibrios químicos que puede ocasionar un residuos eléctrico o electrónico en un medio acuático, a causa de los procesos de disolución de los diferentes elementos que los componen -en muchos casos, debido a la corrosión-. La liberación al medio de determinadas sustancias, como los metales, puede tener un efecto negativo para la flora y la fauna, mucho más acusado “cuando se trata de los denominados contaminantes emergentes o de componentes que se hayan en las baterías, ya que algunos de ellos se podrían liberar de manera más rápida que, por ejemplo, el metal que hay en el tambor de una lavadora o en las planchas de la estructura de un frigorífico”, detalla el director del ICMAN.

Las especies animales que suelen verse más afectadas por la contaminación son a menudo las que no pueden desplazarse a distancias significativas de la fuente contaminante. Según Julián Blasco, “la huida es una de las estrategias que los organismos emplean para evadir la contaminación. Desde este punto de vista, los peces podrían tener ciertas ventajas frente a los invertebrados o la flora acuática”. Aún así, ‘el Matapeces’ se había ganado a pulso ese sobrenombre. Seguramente hoy día, si sigue vivo, sus nietos se avergüencen de él. Esperemos que, al menos, no hayan heredado el mote de su abuelo.  

Escrito por Nuria Castaño, periodista especializada en Medio Ambiente.

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