Aluminio inmortal

Una maraña de cables junto al contenedor de la esquina llama la atención de los niños que pasean por el acerado, montados sobre unos patinetes en los que se refleja el esquivo sol de la tarde. Ellos no lo saben, pero tanto esos cables como sus relucientes vehículos de tres ruedas pueden atesorar historias que posiblemente se remonten a muchas décadas atrás. El interior de los cables y la estructura de los patinetes son de aluminio. Quizás el material que los componen formó parte de un trasnochado equipo de música con CD y casete, de una lata de refresco impresa con extravagantes logotipos o de una desvencijada ventana metálica con vistas al mar.  El 75% del aluminio que se ha puesto en el mercado en el último siglo sigue todavía en uso, gracias al reciclaje. Las vidas de este material son infinitas.

aluminio inmortal

Ocupa el puesto 13 en la tabla periódica, pero lejos de las supersticiones que generan este número, el aluminio es, posiblemente, el mineral más afortunado del planeta. Se trata de un gran conductor de poco peso y abundante en la naturaleza, cualidades que lo hacen idóneo para numerosos tipos de cableados y componentes eléctricos. Además, es muy versátil en la construcción y, por si fuera poco, de todos los materiales que se utilizan en la actualidad para fabricar envases, el aluminio es el de mayor valor. Gracias a las actuales técnicas de reciclado, este material goza de una durabilidad infinita y puede tomar las formas más diversas una y otra vez, sin perder sus propiedades durante el proceso de reciclaje.

Según Olga Roger, directora de Comunicación de ARPAL, Asociación para el Reciclado de Productos de Aluminio, al fabricar aluminio con material reciclado se emplea un 95% menos de energía que cuando se utiliza directamente el mineral. Además, se disminuye la cantidad de recursos naturales empleados así como las emisiones nocivas a la atmósfera y se contribuye a aliviar la carga de los vertederos. Todas estas ventajas hacen que el aluminio sea, según los datos aportados por ARPAL, el material más reciclado en la actualidad: más del 90% en medios de transporte y materiales de construcción y un 55% en envases a nivel global. Esto se traduce en que “más del 70% de todo el aluminio fabricado desde 1888 sigue aún en uso, gracias al reciclado, lo que equivale a 700 millones de toneladas”.

Estos magníficos resultados siempre comienzan con un primer paso… En el caso de los envases, depositarlos en su contenedor correspondiente -en España, el contenedor amarillo-. Cuando se trata de aparatos eléctricos, cables u otros componentes que contienen este material, la vía adecuada para garantizar su reciclaje es hacer que entren el circuito de gestores autorizados de RAEE, es decir, de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. La tienda de electrodomésticos de la esquina, el gran centro comercial del barrio o un punto limpio están entre las opciones viables para emprender con éxito el camino de la sostenibilidad.

A partir de ahí, comienza el proceso de reciclado. Tanto los RAEE como los envases se llevan a sus respectivas plantas de selección, donde el aluminio se separa del resto de materiales y se lleva a un gestor que asumirá el proceso de reciclado en sí mismo. “Los gestores de residuos tienen un papel muy importante en el reciclaje en general y concretamente en el reciclaje de aluminio, ya que son los encargados de limpiar el material para que luego no haya problemas en los hornos de fundición”, explica la directora de Comunicación de ARPAL. Una vez fundido, el aluminio reciclado puede servir para la fabricación de cualquier objeto, que tendrá una vida útil según su uso (“no es lo mismo una lata que un cable eléctrico”, comenta) pero todos, absolutamente todos, pueden volver a ser reciclados de nuevo, una y otra vez, tomando diversas formas.

¿Quién sabe? Quizás, los nietos de esos niños que hoy pasean junto a la maraña de cables tengan algún día en sus manos un objeto cualquiera, fabricado con el mismo aluminio que sirvió para dar forma a los patinetes de sus abuelos. Los cables tirados en el suelo, lamentablemente, no correrán esa hermosa suerte. No serán reciclados. Terminarán en un vertedero, generando contaminación y no recursos. Y todo porque alguien, quien los tiró, no fue consciente de la inmortalidad del aluminio.

Escrito por Nuria Castaño, periodista especializada en Medio Ambiente.

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