Bordados de seda para las alas de un mosquito

ala de mosquito
Ala de un mosquito. Fotografía realizada por Luis Monje.

Mi dedo pasaba rápido por la pantalla del móvil, convirtiendo las historias de mis “amigos” de Facebook en breve anecdotario repleto de cuestiones anodinas y recetas culinarias que jamás llevaré a la práctica. Tuve que parar en seco y volver atrás para observar la bella fotografía de un mantón, con plumas en los flecos y delicadas espigas en tonos azules, bordadas sobre algo que parecía un sedoso tejido traslúcido. La originalidad de la foto me llamó poderosamente la atención por el colorido, la composición y el motivo, que percibí como un detalle, quizás, del vestuario de alguna refinada producción audiovisual. Erraba en todo. Lo que tenía ante mí era la foto del ala de un mosquito.

La autoría de la imagen explica mi equívoco. Luis Monje es uno de los especialistas en fotografía científica más reputados a nivel internacional. A través del objetivo de su cámara, nada es lo que parece. En la Universidad de Alcalá (UAH), donde Luis ejerce como jefe del Servicio de Fotografía Científica, se imparten más de 30 especialidades de este ámbito del conocimiento, cada una de ellas con aplicaciones específicas en el desarrollo científico y la investigación.

“La fotografía es una herramienta fundamental para la ciencia” -explica Luis-. “En primer lugar, porque la ciencia se basa en la realización de observaciones visuales y la fotografía se encarga de fijarlas, inicialmente durante el proceso de investigación y luego, a modo de ilustración, para mostrarlas como pruebas cuando se publican los resultados”.  Gracias a las técnicas fotográficas actuales, es posible registrar fenómenos invisibles al ojo humano, lo que nos permite “ver” el 99% del espectro que está vedado a nuestra vista: R-x, rayos gamma, ultravioleta, infrarrojo, termografía, microondas, etc.

Esta capacidad para mostrarnos lo que a simple vista es invisible, convierte a la fotografía científica en una herramienta clave para la investigación y la divulgación de la ciencia.

La fotografía ultravioleta se emplea en entomología y botánica para estudiar la visión de los insectos y las marcas ocultas de las flores, así como en ciencia forense, documentoscopia, falsificaciones artísticas, etc. La fotografía de alta velocidad, combinada con el vídeo, es imprescindible en ingeniería automovilística, colisiones de vehículos, balística, aeronáutica, etc. E igualmente importantes son disciplinas más conocidas de la fotografía, como la fotografía macro que -junto con la convencional- es imprescindible, por ejemplo, para a descripción de nuevas especies y fenómenos en ramas como la zoología, la botánica, la ecología o la geología.

Sin ir más lejos, los trabajos de Luis Monje han servido, por ejemplo, para describir el sistema de picadura de las ortigas, las estructuras respiratorias de algunos parásitos de ovejas, la evolución del Alzheimer, la descripción de nuevas especies de hongos y plantas, el desarrollo de implantes óseos y hasta la identificación de terroristas. La lista de aportaciones, con sus treinta y tres años de especialización, es interminable. De aportaciones y de satisfacciones personales: “He vivido momentos inolvidables, como cuando, después de meses de trabajo, fui el primero en poder observar los colores ocultos de las flores”, nos comenta.

Estos descubrimientos, avances científicos y aportaciones a la investigación en diversas áreas, requieren no sólo de la experiencia y el conocimiento de profesionales como Luis Monje, sino también de sofisticados equipos ópticos, eléctricos y electrónicos que, como el resto de aparatos de estas tipologías, generan gran cantidad de residuos que exigen de una correcta gestión para evitar daños ambientales

El equipamiento con el que trabaja Luis puede pesar, en su conjunto, entre 300 y 400 kilogramos. La vida útil de cualquiera de los aparatos que lo integran es cada vez menor “no solo por la mala calidad con que se fabrican y la supuesta obsolescencia programada, sino porque en algunos componentes como las cámaras digitales, la mejora del ruido, sensibilidad, resolución y amplitud tonal avanzan tan deprisa que cada 2 o 3 años hay que renovar las cámaras”, comenta el especialista. Asegura que algunos artículos como los objetivos, si son de buena calidad, aguantan bien el paso de los años. Otros, como las cámaras obsoletas, pueden reutilizarse de forma íntegra o por componentes. Por otra parte, los equipos ofimáticos y electrónicos de Luis terminan en el circuito de gestión de su Universidad, donde se reciclan y se adaptan para escuelas de países en vías de desarrollo, en los casos en que es posible.

Antes de la irrupción de las técnicas digitales, los residuos de la fotografía, en todas sus especialidades, eran fundamentalmente químicos. No menos peligrosos son los que generan los actuales equipamientos fotográficos. El quid de la cuestión, como siempre, es seguir una correcta gestión para no perjudicar al Medio Ambiente, ese en el que viven estilosos mosquitos con alas de seda bordada.

Escrito por Nuria Castaño, periodista especializada en Medio Ambiente.
Fotografía realizada por Luis Monje, biólogo y profesor de fotografía científica.

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