2019 el año del Clima ¿Qué esperamos del 2020?

Imagen de portada Unsplash. Chuttersnap

El año 2019 ha supuesto un importante avance en el compromiso social para combatir el Cambio Climático, pero aún nos queda mucho camino por recorrer. ¿Qué esperamos para este 2020?

El año de la COP25

Los incendios que han devorado parte del Amazonas, el fenómeno de la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) vivida en la Península Ibérica o las repetidas olas de calor sufridas en Europa durante 2019 han vuelto a poner en alerta a organismos internacionales y a la población mundial. Otro revulsivo que ha despertado la conciencia de muchos jóvenes ha sido los ‘Friday’s for Future’,  que tuvieron su máximo exponente en la activista, Greta Thunberg, o las huelgas por el Clima organizadas en distintas ciudades del planeta.

Con el objetivo de reducir los efectos producidos por el calentamiento global y tomar una postura conjunta y efectiva ante el Cambio Climático, el pasado año sirvió como punto de reflexión para la toma de decisiones que atajaran de lleno esta problemática.

La vigesimoquinta Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP25, ha conseguido avances significativos en el sector privado y los gobiernos regionales y locales, pero no se ha alcanzado un consenso en los compromisos nacionales de reducción de las emisiones de carbono.

En la Cumbre convocada por el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, se dio otro paso más para que 77 países y más de 100 ciudades se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero para el año 2050.

Otro paso en positivo ha sido la afirmación recogida en el informe «Tendencias globales en la inversión en energías renovables 2019», el cual señala que la capacidad instalada en energía renovable (excluyendo las grandes centrales hidroeléctricas) se habrá cuadruplicado -de 414 GW a 1.650 GW- cuando culmine la presente década.

En definitiva, gran parte de las aportaciones de este año han girado en torno a los aspectos técnicos de la regulación de los mercados mundiales de carbono y en cómo equilibrar entre los países la reducción de las emisiones, con la Unión Europea y muchos países en desarrollo ejerciendo presión para llegar a un acuerdo que todavía no ha llegado.

Unsplah. Jorge Fernández Salas

En España

Y el 2020 arrancó en nuestro país con la aprobación de la declaración del Gobierno ante la Emergencia Climática y Ambiental en respuesta al consenso generalizado de la comunidad científica que reclamaba acción urgente para salvaguardar el Medio Ambiente.

Como consecuencia de esta situación, el Gobierno se comprometió a ejecutar cinco de las 30 medidas recogidas en el documento en los primeros 100 días de Gobierno, entre las que destacan: la remisión al Parlamento del proyecto de Ley de Cambio Climático, la definición de la senda de descarbonización a largo plazo para asegurar la neutralidad climática en 2050 y la creación de una Asamblea Ciudadana del Cambio Climático que incluirá la participación de los jóvenes.

Por otro lado también se ha puesto en marcha el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de generalizar las Zonas de Bajas Emisiones en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes que define los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de penetración de energías renovables y de eficiencia energética. En conjunto grandes avances que necesitan de una continuidad para que lleguen a buen puerto.

Y qué esperamos para los próximos años

Para el presente año seguimos con deberes. Además de continuar con aquellas acciones ya concretadas no solo en 2019 sino en años anteriores (Acuerdo de París, Agenda 2030, etc), la ONU ya nos ha advertido de que las emisiones de carbono tendrán de reducirse a un ritmo de 7,6% al año para cumplir con la meta de un calentamiento global limitado a 1,5 grados.

Además, es importante que poco a poco vayamos asumiendo un cambio en nuestra forma de pensar que nos capacite para reducir nuestro actual modelo de consumo, disminuyendo así nuestra propia huella. Por poner un ejemplo, como explica Claudio Forner, experto de la secretaría la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, elegir alimentos producidos de manera amigable con el Medio Ambiente y reducir el consumo de carne son también soluciones conocidas para aportar a la lucha contra el Cambio Climático. Tanto así, que recientemente más de una decena de ciudades, entre ellas, Barcelona, Guadalajara, Lima, y Londres, se han comprometido a promover una “dieta de salud planetaria” para el 2030.

En este punto es fundamental que los países desarrollados y con un mayor peso económico se comprometan y actúen. Los estados con la cantidad de emisiones más alta del mundo como son China, Estados Unidos o la India no han dado un paso adelante en el compromiso por la descarbonización de sus economías. Llama la atención que otros países como Costa Rica, ya produzcan un 99% de su energía eléctrica de fuentes renovables y se han comprometido en lograr emisiones cero para 2050.

En este año y en los siguientes nos queda mucho por hacer, pero ese camino se recorre a diario. Para poder lograr las metas propuestas es necesario que avancemos de forma decidida en el cuidado de nuestro entorno con detalles sencillos y cotidianos que, sin duda, tienen una gran repercusión.

La Economía Circular tiene aquí un importante papel. Con esta forma de gestión que va más allá del reciclaje y que se propone ir a la raíz del problema para ofrecer soluciones viables, se consigue evitar el despilfarro de los recursos naturales.

Se trata, por tanto, de un modelo en el que, sin olvidar lo económico, se prima el beneficio social y medioambiental, interrelacionándose de manera muy estrecha con la sostenibilidad. Así, la economía circular tiene como uno de sus principales objetivos mantener el valor de los productos, materiales y recursos en la economía el mayor tiempo posible.

Fuentes de referencia:
ONU

Fundación Ecolec

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