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Sobre los RAEE

La importancia de reciclar aparatos eléctricos y electrónicos

¿Has pensado alguna vez cuántos aparatos electrónicos y eléctricos forman parte de nuestras vidas? Sólo tienes que echar un vistazo a tu alrededor: tablets, máquinas de afeitar, cepillos eléctricos, ventiladores… Sin estos dispositivos la vida moderna no podría entenderse como tal. Los aparatos electrónicos hacen más cómodas nuestras vidas, pero muchos de sus componentes son muy contaminantes. Por eso es fundamental que todos contribuyamos a su reciclaje para que el medio ambiente no lo acabe pagando.

Dar una “segunda vida” a algunos productos es muy fácil. Si quieres desechar un aparato eléctrico o electrónico y adquieres uno nuevo, cualquier establecimiento tiene la obligación de aceptar el viejo y encargarse de la gestión de sus residuos. Por otra parte, tenemos los puntos limpios en cada municipio donde también podemos depositar nuestros aparatos. Pero ahora, además, los aparatos eléctricos y electrónicos menores de 25 cm se pueden depositar en cualquier superficie que tenga más de 400m2, independientemente de si compras uno nuevo o no. Y es que, mediante el reciclaje se pueden recuperar materiales como plástico o aluminio, básicos para el sistema productivo.

Los aparatos eléctricos y electrónicos poseen unas características especialmente contaminantes. Un frigorífico mal reciclado emite a la atmosfera gases de efecto invernadero equivalentes a las emisiones de un coche en 15.000 kilómetros o que el fósforo que hay dentro de un televisor es capaz de contaminar hasta 80.000 litros de agua. Además, muchos de estos dispositivos contienen sustancias como mercurio, cadmio o bromo, lo que provoca daños muy graves al medio ambiente y a las personas que los manipulan.

Por todo esto, los dispositivos eléctricos y electrónicos requieren un cuidado especial, no sólo en su tratamiento y reciclaje, sino también en el resto de los procesos de recogida, almacenamiento y transporte.

Como usuarios de estos productos tenemos una responsabilidad sobre ellos. La mayor parte se pueden reciclar, pero muchas veces por el desconocimiento de las posibilidades que ofrece el reciclado acaban en vertederos. Por esta razón, debemos separar en el origen estos residuos y aprovechar los canales específicos destinados a ello.

 

La industria tecnológica: un sector que no para de crecer

Según la Oficina de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), la industria electrónica genera cada año más de 40 millones de toneladas de residuos electrónicos (RAEE). Un dato preocupante ya que este tipo de residuos es el que más está creciendo en todos los países: se estima que el año que viene se puede llegar a los 50 millones de toneladas de residuos.

Este aumento, de entre un 16% y un 28% cada cinco años, es casi el triple que el de la basura generada en los domicilios particulares y viene motivado por la creciente innovación tecnológica.

 

Los países que más residuos electrónicos generan

A nivel mundial, Estados Unidos y China suponen el 32% de la basura electrónica que se genera, mientras que en Europa este ranking lo lidera Noruega con una media de 28,4 kg de RAEE generados por cada habitante al año. Le sigue Suiza con 26,3 kg e Islandia con 26,1 kg.

En cuanto a los datos de nuestro país, solo en España cada año se ponen en el mercado más de medio millón de toneladas de aparatos eléctricos y electrónicos, por lo que, al menos, 225.000 toneladas de residuos deberían ser gestionados correctamente. Aquí nos enfrentamos al principal problema de nuestro sector: no todos los residuos se recuperan y reciclan de manera adecuada, por lo que debemos actuar acorde a la normativa.

Si no reciclamos estamos contribuyendo a la acumulación de estos residuos y componentes en vertederos y contribuimos a explotar unos recursos naturales limitados que tenemos a nuestra disposición. Por eso una de las consecuencias de una gestión no correcta de estos residuos sería una pérdida de recursos y un encarecimiento de los procesos productivos.

Y es que en la producción de un ordenador se consumen, de media, 1.500 litros de agua, 5.300 KWh de energía, 240 kg de combustibles fósiles y 22 kg de otros químicos. Las consecuencias de no reciclar correctamente se agravan en algunos puntos del planeta donde la extracción de materias primas para fabricar estos productos produce graves impactos sociales.

Debemos valorar la importancia de reciclar correctamente, y más cuando se trata de aparatos potencialmente peligrosos para el medio ambiente y, que de no ser gestionados correctamente, afectarían negativamente a las próximas generaciones. Nuestra responsabilidad se convierte en la clave para contribuir a preservar y cuidar del planeta Tierra.

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